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miércoles, 26 de enero de 2011

Adiós al cuarto rojo


En estos días se cierra un ciclo, finalmente después de haber postergado por mucho tiempo lo inevitable un espacio que fue para muchos de nosotros un refugio en los años de la infancia y también mucho después pega el cerrojazo, puede parecer tonto cogerle cariño a una habitación y más tratándose de una pieza de la casa que muchos quizá dirían que era aburrida y hasta sosa, pero para los más pequeños aquella era la habitación con más magia de la casa, de vuestra casa, porque en ella guardabais vuestros más preciados tesoros: vuestros libros y vuestros albumes de fotos de todos esos viajes a lo largo y ancho del mundo.
No sé lo que dirán mis primos pero al menos yo en esas cuatro paredes he soñado como Bastian en la Historia Interminable con muchos mundos de fantasía, allí nació mi fascinación por la novela romántica (que si bien hoy se ve como un género minoritario, paradójicamente no es tal) que aún hoy perdura (vivir para ver, es la única lectura que me relaja cuando el estres de lo cotidiano me ataca), mi curiosidad por la narrativa de viajes (¿qué mejor guía de viajes que el propio relato de alguien que haya estado antes allí?aplicandome el cuento ahora cada vez que viajo tengo la extraña costumbre de llevar conmigo un cuaderno para escribir), mi predilección por la novela de aventuras (no me cansaré nunca de releer el Conde de Montecristo, por más libros que deje de leer por preferirlo), mi gusto por la fotografía, ¿qué más me queda por decir? que siempre me quedarán los recuerdos, la memoria de las fotos, el aroma a libro viejo de esas estanterías rojas que dieron nombre al cuarto (porque sus paredes nunca dejaron de ser blancas), el encanto y el misterio de tantas páginas que le llamaban a uno si se sabía escuchar atentamente...
Echaré de menos los fines de semana sentada en el suelo del cuarto rojo escogiendo un par de libros para leerlos después en casa de la abuela y a vosotras porque fuisteis las culpables en gran medida de que hoy día ese universo mágico de los libros forme parte de mi vida, gracias por todo, niñas, allí donde estéis, cuidaos mucho y no olvideis que nos vemos en ese nuevo cuarto rojo.

jueves, 22 de abril de 2010

Retomar las riendas de la vida

La primavera ha llegado a nuestras vidas como agua de mayo, la hemos recibido con los brazos abiertos para que se quede aquí con nosotros.

Echo de menos los almendros en flor de Torino, el calor que emanaba de ellos cada mañana cuando me daba un paseo para ir a clase a Palazzo Nuovo, pasear por aquella avenida enorme era como volver a Sevilla en primavera, como cantaba el Soto "y cuando vuelva a Sevilla en primavera, volveré a mis veinte años recorriendo sus callejas, y volveré al olor de los naranjos, a vivir un jueves santo y una mañana de Feria... y renacerá en mi alma la alegría cuando vuelva", cuando me entraba nostalgia lo cantaba por lo bajini (luego supe que mis compañeros españoles de piso me llamaban la folclórica, uno de ellos cuando volvió a casa después de los turrones hasta me trajo de regalo de Reyes un cd de Antonio Molina, dos lagrimones como dos perlas se me cayeron, a su modo y fuera cachondeo era todo un detallazo, y la canción de Juanito Valderrama El emigrante que también venía en el cd me dejó fuera de combate), que levante la mano el que no se haya emocionado con ese "cuando salí de mi tierra volví la cara llorando porque lo que más quería atrás se iba quedando...", pese a todo eso sigo saliendo de casa porque es cuando uno viaja cuando aprende a querer a su tierra, mirándola de lejos con esa mirada empañada por la nostalgia, y luego cuando uno regresa se la quiere mucho más si cabe y se la valora en lo que vale a pesar de todo...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Mares en calma


A ti que ya no estás por todo lo que me diste...
Mar en calma
Luna clara
Reflejos de tu mirada
De esos ojos hechiceros
Que roban a ratos mi alma
Arena fina de playa
Sal y agua de mar claras
Recuerdos de tantos momentos
Que pudieron ser nuestros
Pero echaron a volar
Vida etérea e intangible
que no alcanza para más.

Barbate


A los pescadores porque sólo ellos saben lo que el mar calla...

Sembrando inquietudes
Que saben a sal
A gotas de rocío
A angustia
A brisa de mar
A historias lejanas
De marineros navegando
Por esas aguas
Algunos no volvieron
Se quedaron pescando
Palabras bajo el agua
Los recuerdos amainaron
En su tranquilidad de escarcha
Luces de un faro cercano
Que los trae de vuelta
a casa
Ternura añorada
y cálida de un hogar
que a veces falta
Susurros de olas furiosas
Tempestad que anhela la calma.